Izamal, Yucatán; 21 de julio de 2020 (ACOM).- Jesús Mézquita Burgos es relojero, un oficio que aprendió de su papá y que ha desempeñado desde hace 34 años en el mercado de Izamal, donde ha “revivido” cientos de relojes.
“El oficio de relojero me lo enseñó mi papá desde una edad muy temprana”, relata desde su taller donde ha dado mantenimiento a cientos de relojes de vecinos de Izamal y de los municipios aledaños.
El local de Jesús es de los pocos negocios que hoy abrieron ante las recomendaciones de las autoridades de la Secretaría de Salud con motivo de la emergencia de salud pública por el COVID 19.

Desde su espacio de trabajo, recuerda que fue en el año de 1986 cuando fallece mi señor padre don Víctor Ramón Mézquita Rodríguez y entonces pues me hago cargo del taller y de seguir la tradición familiar de reparar relojes, recuerda.
La reparación y el mantenimiento de un reloj sea de las marcas actuales o de las tradicionales requieren de ajustes que solo se logran haciendo el trabajo de manera manual y de forma concienzuda desarmando y rearmando cada pieza.
Sin embargo, lamenta que este bello oficio se esté perdiendo.
“Los técnicos actuales, a los que no se les podría llamar relojeros, solamente saben cambiar las pilas más no darle mantenimiento a cada pieza de la maquinaria”, dice un tanto decepcionado.

Durante la entrevista, Mézquita Burgos levanta la vista y mira hacia el convento Franciscano de Izamal en donde dice existe un reloj en el campanario al que no se le ha dado mantenimiento desde hace un buen tiempo y que requiere de padrinos, debido a que los trabajos para echarlo a andar es algo oneroso.
Relata que para llegar a ese reloj hay que subir aproximadamente 120 escalones y darle cuerda al mecanismo, labor que se tiene que hacer de manera diaria.
“Pero creo que vale la pena porque es un tesoro del patrimonio cultural de esta gran ciudad”, finaliza.
