Izamal, Yucatán, 16 de agosto de 2022 (ACOM).-Don Francisco Rosendo Castillo Vázquez es un reconocido Izamaleño que nació con un gran talento innato, ya que sin tomar clases de pintura se ha vuelto un artista plástico profesional cuyas obras se cotizan en el mercado de las obras de arte que llaman la atención de coleccionistas.
Francisco Rosendo Castillo Vásquez habla sobre el trayecto que ha recorrido como pintor y como fue su vida antes de ser un talentoso artista de las artes pláticas.

«Soy originario de esta hermosa ciudad y tengo 59 años, desde muy pequeño me gustó el dibujo pintaba barcos, cosas todo lo que un niño quiere hacer con el lápiz y el papel, a los 17 años tuve la oportunidad de entrar a la escuela de Bellas Artes en Mérida, pero solo estuve unos 6 u 8 meses porque tuve un accidente y perdí mi lugar en Bellas Artes, a los 22 años me voy a Los Ángeles California en Estados Unidos, ya que un amigo me invitó a trabajar en un restaurante, luego entre a trabajar en serigrafía artística allí hacíamos reproducción de pinturas en edición limitada para galerías y fue donde aprendo mi técnica, pero solo me dediqué a trabajar y nunca me dedique a lo que me gustaba».
«Una pintura del convento, esa fue mi primera pintura en 1988, se lo traje a mi papá de regalo y mi papá lo manda a enmarcar con un carpintero y después de unos días el carpintero le dijo a mi papá entraron a robar al taller y robaron la pintura y uno de esos días pasé por el centro de Izamal y vi qué había en venta varios cuadros y al entrar la sorpresa fue que mi pintura estaba ahí y le dije a la muchacha que vendía esa obra es mía y me la voy a llevar se la pague y me la llevé y hora tengo la pintura en mi casa».

«Pasó el tiempo y empecé a trabar en plataformas marinas, trabajaba 28 días y descansaba 28; en mi descanso me aburría y le dije a mi esposa quiero pintar y ella me apoyó y fuimos a comprar el material y mi segunda obra fue el cerro de Atlixco, el cerro de San Miguel, el primer trabajo barroco fue el ciprés de la catedral de Puebla»
«De ahí en adelante empecé a pintar el arte barroco, tengo obras como la cocina de Santa Rosa, el atrio de Izamal, la casa de Hernán Cortes y la Malinche en la antigua Veracruz, la capilla del Rosario de Puebla, el Camarín de la Virgen de Izamal, la Iglesia de Santo Domingo en Puebla, la Biblioteca Palafoxiana en Puebla, la compañía de Jesús en Puebla, la Sacristía de la Compañía de Jesús, Santa María Tonancincla, entre muchos obras más«.
«De una imagen puedes tener 7 puntos ciegos que es el punto de referencia donde sale la perspectiva y eso me lo enseñó un amigo en 15 minutos, pero solo de palabra y gracias a Dios lo logré aprender con medidas sin tener margen de errores».
«Cada obra me lleva tres meses, un mes con lápiz y dos meses en la pintura, ahora tengo 45 obras de esas obras, 12 ya no son mías porque ya las vendí, tengo compradores de acá de Izamal y de varios estados de la república».
«Dicen que la ociosidad es la madre de todos los vicios y gracias a esa ociosidad decidí empezar a pintar, yo me encierro en mi estudio desde las 9 de la mañana y solo bajo a comer y regreso al estudio y bajo a las cinco de la tarde, aprovecho al máximo la luz del sol para pintar que es muy lindo»





